A Quien Quiera Escuchar, una propuesta de Laura Rodríguez

May 25

La casa del regionalismo, Arica

Síntesis del acto de lanzamiento del libro: http://youtu.be/ANQzfQ1ab8I

Estamos viviendo tiempos revueltos. Las sociedad está explotando por dentro y se necesitan cambios sociales que abran el horizonte. Los jóvenes revisan la historia, la cuestionan y también rescatan de ella lo que les sirve para humanizar sus vidas y para darle sentido. Por estas razones hemos querido reeditar esta versión mejorada y ampliada de la obra de la diputada Laura Rodríguez. Su hijo Simón como editor y Vlado como diputado nos parecieron señales de una búsqueda de nuevos significados y nuevos modos de expresión y de acción.

Con este libro quisimos responder a través del testimonio de la propia Lala, qué hizo que se convirtiera en apenas dos años como diputada, entre 1990 y 1992, en una referencia social y en un modelo de acción política en Chile.

El año 1984 el Movimiento Humanista creó un instrumento político a partir de estudios de La Comunidad para el Desarrollo Humano. Los Partidos Humanistas del mundo pondrían a la vida humana y a la libertad humana como valores centrales de la construcción social. Con el grito de “nada por encima del ser humano , ni dios, ni amo, ni estado soberano, nacerían simultáneamente en los 5 continentes. Estos partidos basarían sus tesis ideológicas en la doctrina de Silo, que considera que la raíz del sufrimiento y la violencia es mental, y por tanto no sólo hay que cambiar las estructuras sociales, sino al propio individuo que busca ese cambio: es decir, a nosotros mismos. Por esta razón los pilares del proyecto de transformación simultánea de la sociedad y del individuo se basan en la concepción del Humanismo Universalista de Silo, y en su Mensaje, para acceder a los espacios profundos y de silencio de la conciencia.

En este contexto nos planteamos la construcción de un liderazgo. Pero un liderazgo no es producto de los medios de comunicación, ni tampoco se logra por un cargo de poder. Un liderazgo es constituido por la gente. Es de la gente y responde a una necesidad que tienen los pueblos para alcanzar su liberación, sus derechos y su dignidad. Construir un liderazgo es ganar el corazón de la gente. La pregunta del Movimiento y del Partido Humanista era esta: ¿Es posible levantar un liderazgo social de modo intencional? Lala tendría que averiguarlo.

La confianza del pueblo se ganaría si Laura Rodríguez podía conectar con esas necesidades. Suponíamos que una sola parlamentaria podría poner en jaque al sistema político si establecía una comunicación directa con las organizaciones de base poblacionales, si denunciaba públicamente los abusos que sufrían, si se alejaba de las trenzas del poder y los acuerdos de cúpula. Tendría que notarse en ella una transformación personal, en su coherencia interna. Para ganar en coherencia tendría que hacer coincidir lo que se dice en público con lo que se dice, se piensa y se siente en la intimidad.

El Movimiento Humanista formó un equipo para la diputada y junto ella elaboró un “libreto”. El libreto es un plan de ruta; básicamente un acuerdo entre la diputada y el proyecto del conjunto. No un acuerdo de “repartición de carguitos” ni de tonteras mezquinas. Un acuerdo de lo esencial del complot entre el Movimiento, el Partido y la diputada, para el cambio social. A veces se trivializa la importancia de los acuerdos. Los acuerdos son centrales para la construcción de vínculos. Romperlos pone en peligro a las relaciones personales y a los conjuntos. Sin embargo no son rígidos; son flexibles y dinámicos; no son estatuas que paralizan la historia; la esencia del vínculo está en respetarlos, pero si se modifican se modifican en conjunto, entre los mismos que lo acordaron.

Lala se dio cuenta que ni ella ni los políticos podrían cambiar las condiciones de violencia política y económica de la sociedad. Se dio cuenta que los cambios verdaderos no vienen desde el poder, sino desde la misma gente. Era la gente la que decidía los cambios pero para ello debían ganar fe en sí mismos. Únicamente la gente puede cambiar su situación si cambia sus valores individualistas por el de la organización, la reciprocidad y la solidaridad. Esta comprensión dio un giro a su vida. Comprendió la tarea para la que había sido elegida y el significado profundo del proyecto de constituirse en una luchadora social y una referencia moral; transmitir la fe que el cambio es posible, que parte en uno mismo y se realiza entre todos. Los lazos entre los vecinos, los vínculos entre las personas, eran la base de la organización y no otra cosa. Cuidar eso vínculos con relaciones de reciprocidad, era el gran cambio que se necesitaba.

El peligro de acceder a un cargo de poder es terminar acomodándose al sistema de valores vigente. Esto es lo que conocemos como “adaptación decreciente; es decir terminar aceptando los intereses contra los que se prometió luchar. Ingresar al parlamento y no sucumbir al esquema de presiones y de intereses que allí se conjugan, era un tema de “adaptación creciente”. Lala tenía que adaptarse crecientemente al juego del poder; es decir dialogar, negociar, legislar, abriendo espacios para que la gente se expresen directamente, adquiera cada vez mas fuerza para reclamar por sus derechos. La adaptación creciente significa que la diputada estaba en el juego del poder pero para levantar las contradicciones de éste y denunciarlas a viva voz.

Para cuando el cáncer le impidió continuar la labor parlamentaria, ya se había ganado la confianza y el cariño. Comenzó su lucha por la vida abriendo su intimidad para que todos pudiéramos enfrentar con ella el miedo a la muerte. “Yo no soy mis presas”, publicaba la prensa cuando mitad de su cuerpo estaba paralizado. Soy mucha más que un cuerpo enfermo. Miraba a los ojos a los periodistas y les decía, -tu me preguntas como si la única que se fuera a morir soy yo; la única diferencia es que yo estoy un poquito más adelantada solamente; la muerte es lo más común y nos pasa a todos, ¿no te parece extraño que sea de lo que menos hablamos?

A los pocos meses de la muerte de Lala, el Partido Humanista renunciaba a todos sus cargos de gobierno. Con este alejamiento de los humanistas de los cargos de poder estatal, trataban de ser un ejemplo de coherencia política; con esta condición intentarían los años siguientes construir una alternativa para remplazar a la Concertación de partidos que se alejaba según nosotros, cada vez mas de su compromiso por la liberación del pueblo.

Ponemos nuevamente en circulación el nombre y la obra de Laura Rodríguez para levantar los valores del humanismo, de la coherencia, de la no violencia, del diálogo y de la reconciliación. Valores que traducidos en acción, transformarán a la sociedad y a nosotros mismos.

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