Sufrimiento, Fracaso y Sentido de la Vida

Dec 23

Introducción a la Psicología del Nuevo Humanismo
Parque de Estudio y Reflexión Manantiales, 03/09/2016, Dario Ergas

En este Parque de Estudio y Reflexión, se estudia, se investiga, se reflexiona y se intercambia sobre la superación del sufrimiento y las posibilidades evolutivas de la conciencia humana.

Desde el origen de esta corriente, Silo hace una distinción muy importante entre dolor y sufrimiento. El dolor afecta estrictamente al cuerpo, en cambio el sufrimiento es mental. El dolor disminuye gracias al avance de la ciencia y de la justicia; pero el sufrimiento tiene una raíz mental. La raíz del sufrimiento está en el temor y en la violencia que se anida en la propia conciencia. Somos impulsores de la ciencia y del desarrollo técnico y científico. También animamos al desarrollo de nuevos modos de organización social, tanto a nivel de comunidades, como a nivel del estado. Sin embargo, entendemos que ello por sí sólo no podrá superar la violencia y el sufrimiento, a menos que el ser humano comprenda la raíz del sufrimiento y genere las condiciones para su propia evolución mental.

La raíz de la violencia está en nosotros mismos, por ello es importante hacer algo con uno mismo, mientras simultáneamente, nos esforzamos por mejorar la sociedad en que vivimos. No se trata entonces de primero resolver las necesidades para luego ocuparse del espíritu, ni a la inversa, fortalecer el espíritu para luego, recién ir a tender la mano a nuestra gente en dificultades. Tendremos que desarrollar el cambio de nuestro medio al mismo tiempo que nos fortalecemos espiritualmente y buscamos superar el dolor y el sufrimiento del ser humano.

 

Nosotros pensamos que la raíz del sufrimiento está en la falta de sentido en la vida, o en el falseamiento del sentido de la vida o en la confusión de los ensueños y deseos con el sentido de la vida. Generalmente confundo el sentido profundo que me impulsa, con ensueños y deseos menores. Esta confusión entre necesidad y deseo o entre sentido y ensueño, no es un problema personal, sino que es el modo de funcionamiento de la conciencia; es el estado actual de la conciencia humana. Esta estructura mental requiere evolucionar, hacerse más consciente, conocerse a sí misma y actuar de acuerdo consigo misma; actuar de acuerdo con el propósito evolutivo que la impulsa. Propósito que es posible de experimentar e ir comprendiendo progresivamente.

 

La Psicología del Nuevo Humanismo, comprende a la mente y a la sociedad como una estructura; la violencia interna se proyecta en las relaciones personales y también la organización social genera violencia. No hacemos psicología para adaptar a las personas o a nosotros mismos a un sistema violento e inhumano. Sino para que uno mismo y las personas aprendan a comunicarse con sí mismas, a conectar con el impulso que les da sentido, y puedan llevar adelante su tarea de encuentro con los demás, de mejoramiento personal y de colaboración con otros para transformar el mundo en que vivimos.

 

La pérdida de sentido ocurre cuando nos aferramos a una ilusión y confundimos esa ilusión con el sentido de la vida. La conciencia se prende de su ilusión, y se afirma en ella porque teme que sin ese ensueño estará infeliz, deambulando por el sinsentido. Para afirmar la ilusión, fuerzo las situaciones de mi vida para que se ajusten a ella; ese forzamiento para sostener una ilusión, genera violencia al interior de mi conciencia. Una ilusión puede ser una relación, un trabajo, una meta, una causa, cualquier cosa en que sin ella, si eso falta, mi vida pareciera que no tiene sentido.

Muchas veces la conciencia se degrada a tal punto, que hasta un partido de futbol puede creerse que es el sentido de la vida.  A todos estos objetos de la conciencia que la movilizan y que confunde con el sentido de la vida, los llamamos sentidos provisorios o ilusorios. La conciencia cree que son fundamentales.

 

No nos damos cuenta de que estamos atrapados en un falso sentido de la vida, hasta que falla y la conciencia experimenta el fracaso, se des-ilusiona. Mientras estamos tomados por nuestros ensueños, nadie ni nada nos convencerá de que estamos alucinando. Pero llega un momento en que el plazo se cumple, sea porque logré mi anhelo o porque no pude hacerlo y me frustré.  En ese momento la conciencia fracasa; por un instante despierta de su ilusión, se libera de su afán y puede preguntarse nuevamente por su sentido, por su significado, por su destino. El fracaso es un momento de libertad de la conciencia, un momento en que toma conciencia de sí misma. El fracaso es central en esta psicología y es la oportunidad de avanzar en un espiral evolutivo más alto hacia el sentido profundo de la existencia.  Nada tenemos que ver con los que creen que el sentido de la vida es competir, ganar, tener éxito y triunfar. Por el contrario, sabemos que esa ideología convierte el momento de libertad del fracaso, en resentimiento.  Estas ideologías creen que es la satisfacción del deseo lo que le da sentido a la conciencia. Consideran que hay que sostener las ilusiones a cualquier precio, y forzar todo para lograr las metas.  Esta dirección conduce al resentimiento y a valorar el deseo de venganza. Esto es la raíz de la depresión y del sinsentido. En eso está hoy la sociedad actual, y tenemos desatada una pandemia de depresión, pánico, suicidios y comenzaron ya los asesinatos masivos.

 

Cuando falla un sentido ilusorio o provisorio, rápidamente es reemplazado por otro en que la conciencia quedará tomada en la persecución de su nuevo deseo, alienándose o perdiéndose de sí misma. En cada ciclo de un sentido provisorio, se acumula el resentimiento y la violencia, hasta colapsar en algún tipo de depresión.

 

A medida que tenemos mayor experiencia y mayor conciencia, alguien alrededor nuestro se muere. La muerte siempre nos deja perplejos por un momento; luego huimos de ella, con algún cliché y nos ocupamos en eso tan importante que nos apremia. Nos zambullimos en nuestros sentidos provisorios y nos olvidamos de nuestro ser y nos olvidamos del perecer. A medida que ampliamos la conciencia, y despertamos de la ilusión, también aumenta la conciencia de nuestra propia muerte. Una conciencia más amplia, consciente de sí, tiene mayor conciencia de sus limitaciones y de su finitud. No es posible superar el sufrimiento y su raíz ilusoria, sin enfrentar este tema radical para el ser humano. Cada fracaso nos libera de una ilusión y nos posibilita la cercanía del ser y la pregunta por el sentido de la existencia adquiere sinceridad y profundidad.

 

La respuesta al dilema existencial no es intelectual, sino experiencial. Son una serie de experiencias las que desestabilizan las creencias sobre la muerte, y las creencias sobre la imposibilidad del cambio humano. Son las experiencias del sentido trascendente de la vida; la experiencia del crecimiento de la unidad interna; la experiencia de cohesión psicológica que se logra al pensar, sentir y actuar con unidad; esas experiencias son las que proveen al ser humano de una fe interna, de una confianza en sí mismo y de la posibilidad de trascendencia.

 

Permitir que la conciencia acceda a experiencias que le muestren la posibilidad de un sentido trascendente; encontrar las técnicas que le faciliten una reconciliación profunda y una comprensión de la mecánica ilusoria; proporcionar la acción movida por el deseo y aumentar el valor de las acciones que crean unidad interna; son los tópicos de esta Psicología del nuevo Humanismo.

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