Crisis del Estado y futuribles

Dec 23

Santiago Noviembre 2016
Traducción al italiano

El mundo hoy y los próximos años

Varios son los indicadores de que se están trancando los sistemas políticos y económicos nacionales y mundiales. Se está abriendo un abismo entre un pequeño conjunto pudiente, y una sobre población de gente carente que sobrevive en situaciones de violencia, drogas e inmigración.  El capital se adueña del Estado por medio de la corrupción o infiltrando allí sus funcionarios.

El Estado se divorcia de la población, y ésta protesta con desesperación.  De vez en cuando el Estado les hace algunas concesiones para calmarlas; sin embargo, la misma población no duda en pisotearse y atropellarse entre sí para conservar lo que creen lograr. Esto da justificación a los grupos de privilegio para poner orden y sostener su poder.

Este escenario será normal en las grandes ciudades del mundo entero independientemente de si se trata de Beijín, Moscú, Nueva York, París, Buenos Aires o Mumbai. Los sistemas de propaganda irán designando distintos culpables para la situación de violencia. Cualquier grupo que proteste por sus derechos se lo considerara culpable y se lo arrinconará hasta que desborde y se lo pueda reprimir al “amparo de la ley”.

Las elites a cargo del sistema financiero, productivo y estatal, estarán también en una lucha permanente entre sí por el control, pero sabrán negociar, repartir entre ellas evitando siempre que la sangre llegue al río.

 

La antítesis del poder financiero-productivo-estatal, no es la población sino el ejército; las fuerzas armadas serán convocadas para mantener el orden, pero en rigor son una fuerza independiente y ejercerán su poder a favor o en contra de los sectores que les parezca a ellos.

 

Por otra parte, no hay que perder de vista, el momento tecnológico de la humanidad que va modificando no sólo el estilo de vida, sino, y esto es lo más importante, provocando un cambio en el trasfondo de creencias que se tienen sobre lo humano, lo trascendente y en general en lo que podríamos englobar como espiritualidad.

 

El acceso generalizado y sin discriminación al conocimiento universal; la capacidad productiva ilimitada afectando el equilibrio ecológico; una revolución agrícola que modifica alimentos, aumenta sus nutrientes y transgrede los ciclos estacionales. La esperanza de vida alcanza a los 90 años, pero nuestros hijos podrían vivir ya 120.  Los viajes espaciales en búsqueda de vida y recursos energéticos.

 

Estos cambios sobre el conocimiento, la producción, la agricultura, la prolongación de la vida y la exploración del universo, reflejan un salto tecnológico que obliga a un cambio radical de las creencias culturales originadas a finales del neolítico.

 

Sea que haya cambios tecnológicos hacia energías más sustentables, inteligencia artificial, interconexiones veloces, o no las haya, la situación general de violencia y desorden mundial no variará y se acentuará la distancia entre un grupo cercano al control financiero-productivo-estatal y el resto de la población.

 

 

La crisis del Estado y el conflicto local

En este contexto es como se debe analizar las crisis puntuales del momento actual. Por ejemplo,

El conflicto de Israel-Palestina y la ocupación de territorios palestinos.

El conflicto de Chile, Perú, Bolivia y la salida soberana al mar de Bolivia.

El conflicto de los pueblos indígenas-estado nacional y la marginación de esos pueblos.

 

Estos conflictos históricos son propios del estado nacional; fueron generados durante el desarrollo y fortalecimiento del Estado. El Estado concebido para desarrollar los valores de la fraternidad, la igualdad y la libertad, se expande y unifica por medio de guerras de usurpación y luego guerras civiles. De este modo afianza su poder a costa de los grupos perdedores, y a partir de allí los perdedores son explotados y discriminados. Esto es lo que sucede con los palestinos y también con los pueblos indígenas en Latinoamérica, y con las demandas limítrofes en distintas partes.

 

Creo que es un error creer que el Estado podrá resolver estos conflictos. No sólo porque el Estado es quien los originó, sino porque el poder político está corrompido o infiltrado por los poderes del dinero. Pero además está debilitado por un complejo sistema de tratados económicos internacionales que restringen cada día más su campo de acción.

 

En realidad, el Estado ha perdido toda operatividad. Cuando intenta alguna transformación independiente de su signo, comienza la pugna entre el parlamento y el ejecutivo, y si esto no basta el poder judicial se alinea con alguno de ellos para evitar cualquier avance. Toda reforma se aplaza para la siguiente administración que por lo general, tira por la borda los avances que la anterior pudiera haber logrado.

 

Los conflictos generados en el origen del estado nacional, básicamente discriminador de ciertos grupos y potenciador de otros, seguirán acentuándose y desgraciadamente radicalizándose.

Las Naciones Unidas es una organización de Estados, y si estos están debilitado e incapacitados, Naciones Unidas también lo está. El punto muerto de la situación, el estatus quo, presagia momentos de violencia impredecibles. En este contexto es como se debe comprender a las poblaciones que apuestan a la desestructuración del sistema global.  Desde la crisis del Estado Nacional, y su incapacidad para resolver los problemas de fondo, es que se puede comprender la fuerza que tienen posturas como el Brexit, el rechazo al acuerdo de paz en Colombia, o la fuerza electoral de Trump en Usa y la gran abstención en las votaciones en las democracias occidentales.

 

Una crisis de fe

El estancamiento institucional y su deterioro podrá parecernos caótico, y cada vez que se parcha, deviene en algo que tampoco es lo querido. Lo que sucede es que el sistema no es perfectible: no tiene arreglo. Sirvió para otra época, pero no para el ser humano que se avecina, más consciente de su necesidad de sentido y de libertad. Un Estado basado en la discriminación no es apto para el ser humano del futuro: consciente de sus derechos y de su calidad de ser humano; ser que se siente parte de la humanidad toda; estira su brazo y sabe que puede llegar a los confines del universo; mira en su interior y encuentra a un poeta develando el misterio de su existencia.

 

Precisando el significado del deterioro del sistema político y económico, de lo institucional en general, no se trata de que se caen los edificios donde todo eso funciona; sino que se trata de la perdida de la credibilidad en esas instituciones; ya no se cree en su capacidad de producir cambios benéficos. Es decir, se pierde la fe.

La pérdida de fe es un fenómeno gradual que se nos aparece como una atonía de las poblaciones, que ya no participan en los canales habituales.  Hoy se ve con mucha claridad en los sistemas políticos que las mayorías absolutas se abstienen de participar. Pero se podría llegar a ver en los sistemas educativos, laborales y otros, sea por la dificultad de acceso, o por la construcción de formas de vida al margen, paralelas o semiparalelas al sistema. La pérdida de confianza se observa no sólo en las jerarquías políticas, sino también en las religiosas; se pudieran estar configurando formas de religiosidad sincrética alejadas de los cultos tradicionales.

 

La fe se debilita sobre todo por la contradicción de la propia vida. La contradicción entre lo que se piensa, se dice y se hace, va deteriorando la coherencia y la confianza. Se dice algo, pero se hace lo contrario, y este comportamiento cruza todas las capas de la sociedad. A esta falta de fe se la reconoce como “depresión”, “desgano” o “sinsentido”. Pero también el vacío de la fe se expresa como fanatismo o intolerancia. La depresión al ser tratada con psicofármacos, o por drogas y alcohol conduce a la indiferencia, al suicidio, a la cólera, a los asesinatos masivos, indiscriminados o selectivos. La euforia fanática en cambio, exacerba la identidad individual o de grupo aumentando la violencia y la discriminación.

 

La ampliación de la conciencia.

Esta crisis del Estado y de la institucionalidad en general, es una crisis de crecimiento. No se trata de un retroceso, sino por el contrario, se trata de un sistema que ya no satisface las necesidades del ser humano que emerge en la era de la mundialización. Toda la corrupción que sale a la luz, la putrefacción de las elites políticas, eclesiásticas, militares, económicas etc., no son de ahora; se han ido acentuando desde la creación misma del Estado Nacional; pero sólo hoy somos capaces de verla, de transparentarla y ponerla ante los ojos de todos. El hecho de que la conciencia ponga ante sí estos defectos que hasta ahora prefería ocultar, nos habla de un crecimiento de la conciencia humana.

 

Es la mayor conciencia la que permite visibilizar lo que antiguamente se ocultaba. Si bien los sistemas políticos y económicos tanto locales como mundiales se estancan y comprimen, la conciencia del ser humano se expande. La hipocresía, el doble estándar, los privilegios o los éxitos logrados a costa de otros, sea por usurpación, explotación o por discriminación, se vuelven cada vez más transparentes y evidentes para todos. Hay una mayor conciencia ecológica, de la globalidad del planeta, y de que el otro es otro independiente de mí; si ejerzo violencia sobre él, se sabe que estoy ejerciéndola contra alguien como yo o como tú, y no inferior.

 

Esta mayor conciencia de sí, de lo humano y del otro, choca con una institucionalidad nacionalista, elitista y discriminadora. El Estado deviene en una fuerza que desconoce los derechos del ser humano. Es decir lo reconoce para un grupo particular; pero los desconoce para todos los que no pertenecen a ese grupo. Lo humano, es un valor universal y no nacional, es independiente de la cultura o el país de donde se provenga. Es propio de todas las culturas y no sólo del grupo que se asentó en él. El Estado en su concepción actual, de democracia formal, monopartidista, bipartidista o proporcional, resulta en un ente de control social, de perpetuación de la violencia económica y deshumanizador. Obsoleto para la etapa de mundialización que estamos navegando.

 

 

 

 

La construcción humana real, de vínculos, de amistad y de reciprocidad

La inercia histórica continúa sosteniendo determinado orden, ya que, aunque muy debilitada, la creencia de que si se reemplazan los grupos en el poder por buenas personas (o por malas personas, acaba de saberse el triunfo de Trump), esto podría favorecer al ser humano.  Pero la historia sigue acelerándose y esa fuerza inercial no resistirá demasiado tiempo.

 

Simultáneamente hay otro proceso en marcha y es la formación de comunidades independientes de lo establecido. A medida que el “sistema” se va trancando, se forman comunidades de personas en torno a los más variados intereses. El interés en torno al cual se va aglutinando una comunidad puede ser muy diverso; deportivo, religioso, cultural, familiar, musical, político, educacional, una necesidad básica, etc.  La comunidad comienza a ser cada vez más importante y es una tendencia en aumento, en la medida que se deteriora las instituciones tradicionales. Se participa de una o de varias comunidades, que van dando a la vida un nuevo sentido.  Aunque estas comunidades pueden tener distintos signos, desde bandas delictivas hasta comunidades científicas y espirituales, pudiéramos estar presenciando un fenómeno humano que señala nuevos tiempos.

 

La comunidad, es donde se está replegando lo humano y buscando a partir de allí construir un nuevo modelo de coordinación que se corresponda más a esta era tecnológica y global. En ese desarrollo comunitario pudieran estar echándose las bases del futuro. La fe que abandonó lo establecido y a las jerarquías, se reencuentra en la comunidad humana básica del yo y tú, del nosotros.

 

Las comunidades en que se privilegia el vínculo entre las personas, el buen trato, la búsqueda de un cambio interior y del modo de vida. Se busca vivir los objetivos de largo plazo en la vida cotidiana; sin postergar ni justificar la incoherencia, por razones “superiores” o urgentes. Comunidades que se dan el tiempo para resolver en conjunto los problemas, y las decisiones no resultan imperativos, sino diversidad de implementación hacia objetivos convergentes.

 

Estas comunidades podrían ser la base de un nuevo tipo de coordinación social y de un funcionamiento paralelo al Estado; pero en relación con éste desde nuevos códigos. Comunidades que no se aíslan ni marginan del sistema, pero ya no tienen allí su centro ni sus esperanzas. Dependiendo de la cualidad que logren estas comunidades, podrían mostrar un nuevo proceso en marcha. Un cambio de valores y de dirección, que se traducen en testimonio de vida y de transformación.  Siempre se piensa la globalización en términos imperiales, pero podrían ser las comunidades de gente concreta, donde el ser humano encontrará el cauce para una nueva etapa.

 

En este sentido constituirse en torno a comunidades humanistas, abiertas, en búsqueda de un crecimiento espiritual y una ampliación de la conciencia; que actúen hacia la transformación de su entorno creando y desarrollando metodologías no violentas, puede llegar a ser una respuesta evolutiva al momento actual.

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