El cambio esencial

Mar 10

Presentación de la Unidad en la Acción.
Dario Ergas, Florencia, Milán, Torino, Terni, Nápoles, Roma, Trapani, Palermo
2016 28/1 30/1 31/1 2/2 5/2 6/2 12/2 13/2

Queridos amigos, agradezco esta oportunidad para reflexionar juntos sobre nosotros mismos, sobre nuestras relaciones con los demás y sobre los contextos históricos y sociales que vivimos. Agradezco a la editorial Multimage y a Olivier Turquet por la publicación del libro y por los eventos de presentación que ha organizado. Agradezco a todos ustedes su presencia y les pido que me acompañen en este intento de comunicación.

Agradecer, es un acto mental de reconocimiento de las circunstancias extraordinarias que rodean cualquier acontecimiento. En el modo cotidiano en que vivimos, nos parece que todo sucede por casualidad, los hechos nos parecen aislados, sin relación entre ellos. A veces me doy cuenta de que estoy vivo, que estamos vivos, aquí, juntos. Estamos presentes; presentes para los otros y presentes para uno mismo.

Hacernos presentes, es decir, tomar conciencia de nuestra existencia aquí, en este lugar y en este momento, modifica la experiencia de lo que está sucediendo. Inmediatamente que tomo conciencia de mí mismo en este espacio, noto una serie de incomodidades. Esas incomodidades estaban ya antes de que tomara conciencia de mí, pero ahora se hacen también ellas presentes.   La conciencia de que existo, de estar aquí, me pone de manifiesto algunas inquietudes y preocupaciones. Si ahora tomo nota mental de lo que me pasa, observo el juicio, la crítica sobre mí mismo y sobre los demás; si en vez de luchar con lo que observamos, aceptamos lo que nos pasa, aceptamos   el juicio y la crítica con el afecto que se siente cuando se descubre la debilidad, seguiremos ampliando la observación y la conciencia de nosotros mismos.

¿Creen que es posible un cambio profundo de la sociedad, de nuestra gente querida y cercana, y de nosotros mismos? Qué creo en el fondo. ¿Hay sentido, se puede superar la violencia, las guerras, la discriminación y la desigualdad? ¿Es posible renovar mi vida?

El texto de “La Unidad en la Acción”, trata sobre las posibilidades de un cambio esencial en el ser humano. No de un cambio simplemente conductual, o de capacidades motrices, emotivas o intelectuales, no simplemente de sentirse bien, sino de un cambio en la mecánica misma de la conciencia que genera la violencia y el sufrimiento. Habla por tanto de una aventura espiritual y de un proyecto humano de transformación radical de uno mismo y de la sociedad.

Se analiza que la conciencia cotidiana, en vigilia común, es una conciencia ilusionada que confunde los deseos, los proyectos y las expectativas, con el sentido profundo y trascendente de la vida.  Este comportamiento mental de confundir los ensueños y deseos, con el sentido de la vida, está en la raíz del sufrimiento y la violencia. La conciencia habitual está sugestionada por esos deseos y ensueños, y los persigue creyendo que son su Fundamento y Sentido. La conciencia al forzar el logro de esos “falsos sentidos”, o sentidos provisorios, queda atrapada en el resentimiento y la violencia interna. Esta mecánica de la conciencia no se resuelve ni con reglas morales, ni códigos legales, ni con terapias, ni psicofármacos. Todo ello ayuda a conservar la situación, pero no resuelve el problema del sufrimiento. A pesar de los importantes avances que ocurren en la ciencia y en la justicia, a la larga va creciendo la violencia personal y en la sociedad.

Si meditamos sobre esto podemos llegar al convencimiento que necesitamos un cambio en nosotros mismos, no un cambio superficial, sino un cambio en nuestras creencias más profundas.

Las creencias no se modifican por voluntad. Solo cambia una creencia cuando nos enfrentamos a nuevas experiencias; cuando vivimos sucesos que nuestras creencias actuales no pueden absorber. Las vivencias que ponen en jaque aquello que creemos, pueden ocurrir por circunstancias externas o internas; pero finalmente se tratará de una vivencia interna que no puede ser explicada por el molde adquirido por mí hasta ese momento.

Intentemos otro ejercicio. Si por algunos instantes podemos silenciar el ruido de la conciencia, es posible que se muestre o se manifieste una experiencia no habitual. Observen el ruido de la conciencia, el esfuerzo por entender, las distracciones que interrumpen la atención; si por un instante la mirada que observa el ruido, se hace más interna y se separa un poco de los ojos, y observa desde una posición más atrás de los ojos, si dejamos que esa mirada se ubique ahora, más atrás de las preocupaciones, más atrás de los juicios, rozará una zona de calma; si mantenemos la mirada en ese punto interior, relajando toda tensión y toda presión que va brotando, es posible que la mirada repose en la paz interior, en la calma y el silencio. El silencio trae un significado en forma de liviana emoción o de susurro, que nos llena. Si comprobamos que es posible acceder a experiencias de este tipo, tendríamos el primer peldaño del cambio que buscamos.

El acceso a experiencias espirituales profundas reveladoras de una esencia trascendente que habita en la interioridad, es muy importante para la posibilidad del cambio humano. Pero no basta. Estas experiencias con el tiempo la conciencia las asimila a su modo habitual de operar. Son una referencia imprescindible, pero no son suficientes para el cambio humano, personal y social. Es la acción la que fija los cambios que se producen en la conciencia. Solo si estas experiencias tienen consecuencias en el modo de acción, la conciencia verificará en ella un cambio esencial. Esto es así porque es la acción la verdadera reflexión de la conciencia sobre sí misma; es gracias a la acción que se graban las huellas de memoria con la carga de la realidad.

Sigamos con las experiencias. Todos tenemos el impulso de trasladar lo que sucede en el mundo interno hacia el mundo externo. Pasan muchas cosas adentro mío que quiero que se hagan efectivas en el mundo. Pasan algunas cosas que no quiero que se plasmen en el mundo porque me producen contradicción. Observen esa tensión que va desde adentro de uno hacia afuera de uno, para completarse en el mundo. Un adentro de mí que quiere realizarse afuera de mí. Pero qué es ese adentro, adentro dónde, y qué es ese afuera, afuera dónde. Yo, por ejemplo, estoy afuera de ti, ¿soy acaso tu “afuera”? Pero yo también tengo un adentro, ¿Mi adentro es tu afuera y mi afuera es tu adentro? ¿Quién soy, quién eres?

Eso que llamamos “adentro”, o “interioridad”, ¿es un espacio o no es un espacio? Está en el tiempo o fuera del tiempo. Es, o no es. Y si es, si hay algo allí en la más profunda interioridad de mí mismo, ¿es sólo mío? o está también en lo interno de ti.   Y si hay algo allí, tuyo y mío, ¿seguirá allí cuando no estemos ni yo ni tú?

Al plasmar el mundo interno a través de la acción, todo lo que sucede al cuerpo mientras ejecuta la acción, está siendo percibido simultáneamente por los propios sentidos externos e internos. La conciencia registra todo lo que le pasa mientras actúa. Cada movimiento mental, emotivo o corporal, está reforzando el surco de la grabación de memoria. La profundidad de la huella de memoria que provoca la acción, a diferencia del recuerdo de lo solo imaginado o sentido, permite diferenciar lo “real”, de lo soñado o imaginado. Toda acción se dirige elementalmente hacia acercar el placer y alejar el dolor; pero en la constitución humana, que es una constitución temporal proyectada hacia el futuro, la acción adquiere las características complejas de Unidad y Contradicción. La Unidad Interna, comprende a las experiencias de cohesión e integración psíquica, las sensaciones de crecimiento interno y la experiencia de libertad interna y sentido. La contradicción en cambio, comprende a la desintegración psicológica, el resentimiento, la culpa, el encadenamiento y el sinsentido.

El crecimiento de la unidad interna no es una experiencia simplemente psicológica, sino que se trata de un avance espiritual, ya que modifica las creencias. Modifica las creencias sobre la aparente separación entre yo y tú; modifica la creencia en la muerte y comunica a la conciencia con su sentido trascendente. Las acciones que crean o hacen crecer la unidad interna las llamamos “acciones válidas”, ya que adquieren valor por su capacidad de dar cohesión psicológica y por el crecimiento espiritual que producen.

Si vuelvo a hacerme presente, noto la presencia del otro, el otro ser humano; tú frente a mí. Al otro por lo general, lo comprendo en función de mis intereses o necesidades. Pero si tomo conciencia de mí, de mi existencia, observaré que la interioridad del otro se me hace inapresable e incomprensible. Eres para ti, libertad pura, y no para mí. Quiero llegar a ti, y puedo hacerlo por medio de la acción. Mi acción puede negarte, negar tu libertad y tu sentido, o dignificarte y reconocer tu humanidad. La acción puede comunicarme con el otro o convertirlo en instrumento de mi intención. Mi acción es para ti, eres el destino de ella, eres mi destino y soy el tuyo.

Entonces el cambio humano es posible si se conjugan dos grandes experiencias: La vivencia directa de la Unidad y el Sentido; y la acción dirigida a los demás que hace crecer la experiencia de unidad   y la conciencia de esa unidad. Este desarrollo espiritual no es brusco, es una dirección que poco a poco se va convirtiendo en el centro de la vida, adquiriendo ésta un carácter de compromiso con quienes me rodean, con sus posibilidades de libertad, de unidad y de sentido.

Los acontecimientos actuales de encuentro de las culturas, de desintegración de las instituciones tradicionales, y de ruptura de los vínculos interpersonales, llevan a la conciencia individual y colectiva a una situación límite, en que las creencias antiguas ya no son aptas para responder al nuevo mundo que amanece. Este momento de la historia está poniendo a la conciencia, planetariamente, en situación de acceder a una nueva experiencia de tipo místico o religioso si se prefiere. Esto por una parte aumenta la perturbación psíquica, como ya lo estamos viendo día a día. Pero, por otra parte, nuevas ideas, nuevas visiones y nuevos modos de sentir, abren a la posibilidad de un cambio humano y social, como no ha sucedido desde los inicios de las civilizaciones hace 10.000 años.

Es muy posible que en esta crisis global comience a encarnar el proyecto que impulsa al ser humano desde sus orígenes. Proyecto que parece impulsarnos hacia la evolución de la conciencia y a la construcción de una sociedad humana universal. Me gustaría colaborar a que esta posibilidad cobre fuerza y realidad. Para ello intento mi propia transformación, y lo hago junto a quienes están más cercanos; practico el contacto con mi interioridad, trato de superar mis contradicciones, de despertar la mente, de reconocerte y de reconocer al ser humano. Trato de apoyar las causas que nos dignifican, y en ese intento busco que cada cosa que haga, no importa su simpleza o importancia, haga crecer en mi interior la unidad, la libertad y el sentido.

Muchas, muchas gracias por acompañarme.

2 Comments

Add your comment

  1. Moncho Rojas
    May 08 at 09:42

    Muchas gracias. Darío por tus gratificantes y necesarios aportes. Un abrazo fuerte

  2. Celina
    May 27 at 17:06

    Quisiera recibir información de Darío Ergas

Post a comment