La paz sea en los descendientes de Ismael y los descendientes de Isaac

Nov 01

Comunidad Ruaj Ami, Santiago, 30/10/2015

Dos hijos tuvo Abraham, Ismael e Isaac. Ismael con la mujer egipcia Agar que trabajaba en la casa de Abraham, y otro, Isaac,  con su esposa  Sara.  Estos hermanos de un mismo padre, no lo eran sin embargo de la misma madre. Ya que Abraham tuvo a Ismael con Agar y a Isaac con Sara. La pregunta  es, cuál de los dos es el legítimo heredero de Abraham.

Cuál de los dos hermanos  continuará  de verdad con la tradición del padre, y cuál de los dos es el heredero del pacto establecido por Abraham con Dios. Porque  Sara es la esposa legítima de Abraham, y Agar solamente su amante, o su empleada, o su esclava.   Creo que la cuestión del derecho y la legitimidad es  el núcleo del relato bíblico de Agar e Ismael.  Cuál de los hermanos es el que verdaderamente interpreta la voluntad y la tradición de Abraham: el que fue engendrado por la esposa o el engendrado por la amante.  O,  ambos tienen el mismo derecho al provenir  y ser amados por igual por Abraham y por  Dios .

Para fortalecer el hecho de que el legítimo heredero es Isaac  o Ismael, según sea el caso,  algunos acusan a Agar de pretensiosa, de querer usurpar el corazón de Abraham con sus encantos; o acusan a Sara de sentir celos;  o resaltan la envidia y el resentimiento  de Isamel  al decir que Abraham prefiere a Isaac. Todas esas historias buscan justificar  la expulsión de Agar e Ismael del hogar de Abraham.  

Cuando se produjo la crisis en la familia  de Abraham, Agar e Ismael fueron expulsados y tuvieron que vagar por el desierto de Beersheva.  Emprenden su destierro y su exilio al desierto sin comida y sin agua hacia  una muerte segura. ¿Sabría acaso Abraham que Dios, su Dios, los salvaría y les proveería el agua y el alimento de la Vida? ¿O simplemente Abraham los deja partir, aunque con el corazón destrozado,  hacia una  muerte segura?

Tiempo después Dios volvió a probar a Abraham. Esta vez pidiéndole que sacrificara en holocausto a su otro hijo Isaac. Su segundo hijo el que había concebido junto a Sara. Tres días caminó Abraham al monte Moria, donde se consumaría el sacrificio, o desde otro punto de vista, el asesinato, de Isaac. Tres días en que su corazón volvió  a destrozarse al igual que  pocos años atrás, cuando envió  al desierto y a la muerte a su otro hijo Ismael.  ¿Sabría Abraham que Dios salvaría a Isaac así como salvó a Ismael, a último minuto cuando estuvo a punto de fallecer junto a su madre Agar en pleno desierto?

Observo en estas historias,  que los acontecimientos, los mismos acontecimientos pueden ser contados de múltiples maneras, y sin variar los hechos ocurridos, variar sin embargo su significado.  En muchas ocasiones nos contamos los hechos para justificar algún interés o alguna actuación que nos provoca contradicción. Es decir una parte de nosotros no esta de acuerdo con ese interés o ese modo de actuar; eso que hacemos  nos provoca una contradicción interna que necesitamos justificar.

Por lo general las justificaciones que damos a nuestra acción contradictoria, es decir una acción  en desacuerdo con uno mismo, acumula  resentimiento.  El resentimiento se apodera del sentido de la vida y cada acción que realizamos de ahí en adelante, se convierte en una acción para justificar la acción contradictoria,  y esto a su vez va aumentando  el resentimiento.  El resentimiento no se produce en la conciencia por causa de lo que hacen mis enemigos.  Es posible comprobar en la experiencia  personal, que el  resentimiento en nuestra vida tiene su raíz en el falseamiento de la memoria. La memoria se falsea para justificar mis acciones contradictorias que tienen consecuencias  dolorosas.  El falseamiento de la memoria no se produce negando o cambiando los hechos concretos ocurridos, como se podría suponer. La memoria se falsea al simplificar  la interpretación de lo ocurrido. Los recuerdos se distorsionan  al  enfatizar  solo los aspectos de la situación  que justifican el resentimiento, el odio y la venganza.  La memoria se falsea cuando exagero algunas escenas  y olvido  o disminuyo la  importancia de otras.  La reconciliación es posible cuando una de las partes, al menos una de las partes,  busca restablecer la buena memoria, la memoria verdadera, en la que nada se oculta, nada se olvida, y se proporcionan los hechos suavizando las exageraciones y desempolvando los olvidos y ocultamientos.  Poner luz sobre los hechos, todos los hechos y no solo algunos  de ellos,  inicia el camino hacia la reconciliación y hacia la paz interior.

Si me pongo un momento en la piel de Abraham, ¿cuánto agradecimiento tendría en el  corazón, cuantas veces diría gracias con los ojos nublados de llanto,  gracias, gracias, al comprobar que sus dos hijos, Ismael e Isaac, habían sobrevivido a una muerte inminente en que además él tenía directa responsabilidad? ¿Acaso no muestra esta historia que el amor de Dios es  amor a la vida, y que la vida de los hijos tanto de Sara como de Agar,  está por sobre cualquier otro derecho y cualquier otra consideración? Este amor de Dios a la vida y a la sacralidad de los hijos de todas las tribus humanas, es lo que otorgará  legitimidad y consagrará  el pacto de los pueblos con ese significado profundo del alma, que llamamos Dios.

La fraternidad es un lazo de unión entre quienes se reconocen provenientes de un  origen común;  un origen de carácter irremplazable, como es el amor  entre los padres y los hijos.  Sin embargo, es muy habitual que entre hermanos nos distanciemos y hasta nos  peleemos.  A veces consideramos que el otro no honra con la misma sinceridad, o con igual magnitud, ese origen sacro del que provenimos. Cuando acusamos al otro de deshonrar el origen común,  la hermandad se fractura.  Al quebrarse la hermandad se debilita no sólo el lazo entre ambos, sino que se debilita también el vínculo de cada hermano con su origen y crece en cada uno el sentimiento de orfandad.

Para los descendientes de Ismael y de Isaac, el origen de la hermandad no es sólo Abraham, padre de la fe, sino el Amor  profundo, que  salvó a cada uno de una muerte segura provocada por la confusión familiar. Al quebrarse la comunión de hermanos y de pueblos hermanos, se debilita y se enferma también  la fe;  y al culpar al otro, aumenta la violencia, y  pierdo  el vínculo sagradoque nos une; y al rechazar el derecho a la vida, a la tierra, a la particularidad del otro, pierdo también el sentido de mi propia existencia.

Cierro mis ojos y siento el temor y el temblor de Isaac   sobre el altar donde está a punto de ser sacrificado en holocausto por su padre;  cierro mis ojos y siento la sed en mi garganta y la agonía en el cuerpo de Ismael en el desierto. A lo lejos el sonido del shofar, una, dos, tres veces. A lo lejos el eco de la risa y la alegría de Dios al salvar a sus hijos de los errores de Abraham, de Sara y de Agar. Aguzo la mirada hacia adentro de mi mismo, percibo un sonido en  la profundidad interior,  un susurro, de silencio, de paz;  pido para que  inspire nuestro  futuro.

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