¿Qué hacer con la vida?

Apr 10

10/04/2015
Universidad de Sao Paulo, Facultad de Historia
Universidad Católica de Sao Paulo.

De qué se trata esto de vivir, qué significa morir, quién soy realmente, cuál es mi destino y que tiene que ver uno con los demás. Preguntas ineludibles, arrancadas del alma,  y cada uno se debe enfrentar a ellas, responderlas a su manera o huir para evitarlas cada vez que se rozan.

Decidir qué hacer con la vida,  no es tan sencillo de resolver. Necesito conocer el propósito para la que está destinada. Pero no puedo saber  cuál es la misión de mi vida solamente con el intelecto. Se trata de un tipo de conocimiento existencial en que todo está en juego y no solo las ideas. Por lo general no tengo un acuerdo entre lo que siento, lo que pienso y lo que hago y no sé bien qué hacer con mi vida. A veces siento algo que me impulsa pero me resulta difícil de precisar. En ocasiones mis búsquedas parecen alinearse con mis acciones ;  cuando eso sucede lo sé con certeza porque experimento unidad y acuerdo conmigo mismo.

Reconozco el sentido de la vida por la sensación de unidad al actuar, pensar y sentir en la misma dirección. Lo que hago con mi vida tiene sentido cuando experimento que en mi interior algo gana en cohesión. Si mi vida se aleja de su sentido, experimento una contradicción, un  quiebre interno. Estas dos vivencias, la de unidad y la de contradicción son la brújula que permiten orientarse hacia el  sentido de la existencia. Aprender a reconocer los momentos de  unidad, es poner una mirada sobre lo mas esencial de mi mismo. Esa mirada sobre sí, no es una mirada ensimismada, por el contrario se despierta cuando me comunico con las personas; cuando colaboro con quienes me rodean para salir de la violencia, del temor y de la angustia.

Además de agradecer  estar aquí, quiero pedir en mi corazón  para que cada uno de ustedes y también yo,  pueda encontrar dentro de sí mismo, la misión de su vida, el propósito que la empuja y podamos  desplegarlo en este mundo en que vivimos.

Comprueben esto con una breve meditación personal. Recuerden por favor,  algún momento de la vida en que se han sentido plenos, y llenos de felicidad. Verán que esos momentos por lo general están relacionados con situaciones vividas junto a otros, son momentos en que me siento comunicado, cercano y sensible a los demás. Rescaten los momentos mas importantes y felices mientras seguimos esta exposición.

Más allá de los discursos y las palabras bonitas, lo que  tiene valor para este sistema social, es  lo que se obtiene con lo que se hace, lo que dejo para mi; estudio y tengo conocimientos, trabajo y tengo dinero, me reúno con otros y obtengo compañía, placer y diversión, etc. Algo tiene valor  real  para este sistema, cuando  es capaz de darme una ganancia material o de posición, o de poder sobre otros. Sin embargo  eso no tiene valor existencial. Lo que tiene valor para la existencia,  es lo que de ella se transforma  en acción para otros; es decir aquello que sale  de mi para beneficiar a las otras personas. Es muy demostrable que lo que tiene valor para esta sociedad y  esta cultura, es lo contrario a lo que da sentido a la existencia humana.

Al seguir los valores de este sistema, mi vida va perdiendo su gracia, se vuelve repetitiva y aburrida. Necesito cada vez más excitación para sentirme vivo. El sistema no está solo en la estructura social sino también en la estructura mental a través de lo que creo y valoro. Mi búsqueda de sentido me hace cuestionar la sociedad en que vivo, pero también me revela la necesidad de cambiar yo mismo. Para el cambio interior necesito hacer pie en una nueva experiencia que me reconcilie conmigo mismo y me aproxime a la unidad interna. Descubrir en mi interior esa experiencia de unidad, conocer lo que me aleja de ella y lo que la hace crecer, es construir un centro o una referencia interna, en medio de un mundo caótico

Tomar contacto con la unidad interna es posible y es una gran experiencia. Es de alguna manera rozar la esencia de mí mismo. Aparece la sensación poco habitual, de que  “algo” habita adentro mío, algo que tiene una intensidad y consistencia que no puedo desconocer; algo en la interioridad adquiere un  sabor de sentido y de trascendencia. Descubriré rápidamente que esa experiencia crece según el tipo de acción que realizo en el mundo. Las acciones que colaboran con las personas que me rodean para superar el dolor, el sufrimiento, la violencia y el sinsentido, se experimentan como válidas. La acción válida  hace crecer la experiencia de unidad y desarrolla un compromiso con la liberación del ser humano.  La presencia de un centro de unidad interna modifica las creencias  sobre la realidad de la muerte.

Pero estamos sumergidos en un mundo en que crece la violencia, el control,  la contradicción y la mentira. La pregunta existencial, la formulo en un contexto de violencia y deshumanización; la solución del dilema vital, no la puedo rescatar de lo que me enseñan en la universidad,  o de la televisión, o la política  o las religiones. No puedo porque en ellos está filtrado el código de la violencia.  Por esto es difícil;  mi pregunta por el Sentido es en medio de un sistema social y cultural hundido en el sinsentido. Por lo tanto, no podemos culparnos ni extrañarnos, por las angustias o la soledad o los temores que vivimos;  somos prisioneros de un sistema que desvaloriza a las personas y en cambio eleva  la fama, el dinero,  y la violencia. Estamos sometidos a un sistema que confunde los  antivalores, es decir el  poder y el egoísmo,  como si fueran  valores. Así que mi búsqueda de sentido, no es en un mundo ideal, sino en éste, así  de convulsionado como está. No me puedo culpar por la dificultad existencial en que me toca vivir. Pero tampoco corresponde que me rinda, o me deje llevar por la desidia y el nihilismo del mundo actual.

El sentido, así como el amor, no es algo que está afuera del ser humano;  pertenece al mundo interior. No es algo que llega desde afuera, sino algo que se despierta en mi interior y que se proyecta hacia afuera de mi, hacia las otras personas.    Se trata de una experiencia espiritual que puedo reconocer en mi mismo y que puede orientar mi vida. Lo que haga con mi vida puede hacer crecer esa experiencia aumentando la unidad, o  la puede  negar.  El sufrimiento mental es la señal psicológica de que mi vida se aleja de su sentido.

Este punto de vista en que la unidad o la desintegración interna, dependen de lo que hago, del ordenamiento mental de lo que hago, y de la respuesta que doy a lo que me ocurre,  y no de los estímulos que me llegan del mundo, es muy importante de meditar.  La experiencia de sentido crece o desaparece de acuerdo a lo que sale de mi hacia el  exterior y no de lo que ingiera, consuma o acumule.

Los trabajos con la Fuerza al movilizar la energía psicofísica, la acumulación de acciones válidas, la concentración de la Fuerza al agradecer internamente,  el pedido por la unidad propia y de los otros, va despertando la mirada interna.  La mirada interna, no es la mirada habitual del yo pegado a la piel, sino que una mirada que toma contacto con la interioridad, reposa en la calma y en la unidad y desde allí inspira la acción hacia la liberación personal y de los otros seres humanos. Muchas gracias amigos. Dario

1 Comment

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  1. Riccardo Coletta
    Dec 07 at 14:55

    Grazie mille Dario. Dovrei ringraziarti in mille posti e per mille motivi. Dal “Senso del non Senso” fino al “La unidad en la accion”. Un nuovo tipo di approccio al Senso ho ricevuto e sto ricevendo da ciò che scrivi. Evidentemente hai una forma, un canale, che mi colpisce in modo molto diretto e molto profondo.

    Grazie ancora

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