Prólogo Acerca de la vida y de la muerte, Justo Concha

May 01

Cuando recibí este libro en mi computador, venía en sus primeras páginas un corazón dibujado a mano alzada entre las palabras vida y muerte. No reparé ni en el título, ni en ese difuso corazón que también acompañaba la numeración de las páginas, hasta que terminé el libro. No sé como será la edición que tu leas, pero la que llegó a mis manos tiene ese diseño. Muy pronto fui parte de los personajes del libro, en varias páginas me pregunté si se trataba de una novela acerca de mi vida, o era la pluma del autor la que nos abre una puerta al mundo de las coincidencias significativas, en donde todo se une, se asemeja, y la casualidad trata de ocultarnos el Sentido disfrazándolo de azar.Este libro habla de cosas simples. No había reparado que lo simple es también sinónimo de esencial. Lo esencial es lo más importante y si me pregunto por lo más importante de mi vida, la respuesta no es inmediata, me requiere de un esfuerzo y me requiere ir descartando montones de cosas que son las que ocupan la mayor parte de mi tiempo. Tengo mi vida ocupada con montones de cosas, pero cuales de ellas son las verdaderamente importantes. Cuáles efectivamente tienen sentido y cuáles no. ¿Cómo saberlo, cómo distinguirlo?.
El caso es que no podemos saber lo que es importante si no consideramos el hecho de la muerte. Cómo puedo saber qué es lo fundamental de un libro o de una película si no llego hasta el final. Es más, cómo puedo conocer lo esencial de un libro sí creo que el libro tiene tantas páginas que lo hacen interminable. El hecho de la muerte, mi muerte, es indispensable para conocer lo esencial de mi vida. La conciencia de la finitud de la vida humana es lo que me permite distinguir que es lo fundamental de ella. Cuando nos enfrentamos a ella, por un accidente, una enfermedad o por la partida de alguien muy querido, algo cambia adentro de nosotros y desarrollamos una nueva sensibilidad para comunicarnos con las personas, para mirar el fluir de la vida, en el alba, en la flor, en el espacio infinito, un mundo nuevo se abre ante nosotros como el capullo con el sol. Lo que estaba allí todo el tiempo, mi pareja, mis amigos, mis hermanos, mis padres, mis hijos, esa piedra y el rumor del río, lo que me parecía simple, de pronto encierra la maravilla de todo el universo.
No conozco un estado de conciencia de la muerte, si en este momento tomo conciencia de mi muerte, de que ocurrirá sin duda y en un tiempo preciso, si trato de ponerme en ese estado de conciencia de mi finitud, sucede que despierta en mí una mirada interna más atenta y que observa al mundo a una cierta distancia del mirar habitual, a una cierta distancia de mis ojos y a una cierta distancia de mi yo. Curiosamente al tratar de tomar conciencia de mi finitud, voy adquiriendo un estado de conciencia lúcida, se despierta en mí una mirada no habitual, más profunda que reconozco como la mirada interna. No puede decir que tengo conciencia de mi mortalidad, más bien tengo conciencia de una mirada que me observa, y se observa. Cuando trato de tomar conciencia de mi muerte, sucede que tomo conciencia de mi vida y de algo en mí que me conecta con todo lo que vive. Sutil experiencia que dura sólo un instante pero muy reveladora.
El caso es que el hecho de la muerte es algo simple y cotidiano que nuestra conciencia obvia y eso le dificulta la distinción entre lo fundamental y lo superfluo de la vida. Esta novela nos lleva de un modo hermoso a esos momentos extremos; no nos dará tregua, nos envuelve de amor, nos identifica con los personajes que se van y con los que se quedan y no nos dejará en paz hasta que profundicemos en el acertijo de la vida humana: No hay sentido en la vida si todo termina con la muerte.
Las enseñanzas de Silo se cuelan en toda la obra con pedagogía, quizás deba decir con maestría, y al seguir el drama vamos transformándonos junto con los personajes que viven, mueren y trascienden.
Pero qué es eso que trasciende, este cuento no nos dejará tranquilos con la primera respuesta y nos llevará un poco más allá del final de una novela. Y eso esencial acaso vive todo el tiempo, o quizás vive sin tiempo. Qué es eso que hace que tú y yo nos encontremos, qué ese rubor que nos envuelve cuando te toco con mi afecto, esa vergüenza por descubrirme ante ti, ¿y si no significo nada para ti?, mi corazón extasiado se descontrola cuando siente tu aceptación. ¿Qué es eso que cuando se invierte se vuelve resentimiento y destrucción? Porque entre la vida y la muerte están las personas y sus vínculos, aquello con lo que están unidas, aquello que siempre está y que une, que liga, que vuelve a unir, ahora, después, después de después.
Muchos nos formamos, con la lectura de La Náusea, El Extranjero, Demián, Siddhartha… pido para que nuestros profesores también recomienden a sus alumnos de hoy y de mañana esta sencilla historia de amor de Justo Concha.
Dario Ergas
Santiago, Agosto 2011

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