Presentación de La Mirada del Sentido en el Parque La Belle Idée

May 14

Quiero dar las gracias a Claudie Baudoin por la traducción y publicación de La Mirada del Sentido en esta delicada edición de editorial Reference. Por su prólogo que baja las defensas del lector y lo predispone a vivir una aventura interior. A Rafael Edwards por la foto de Flavio mirando la sala del Parque Manantiales que me pareció perfecta para graficar el título del libro. A Robert, a Arianne, Florent, Francois, a todo el equipo que colaboró en esta edición. Agradezco a todos los maestros y amigos del Parque de Estudios y Reflexión Belle Idee, por compartir esta tarea de buscar en el fondo de sí mismo y plasmar ese encuentro en nuestra vida y nuestra acción.
Este libro relata la experiencia vivida con el Camino del Mensaje de Silo. Trata de las experiencias de Sentido a las que me acerqué meditando las frases Quién Soy y Adónde Voy, y respondiéndome casi a diario ambas interrogantes. Pero no sólo relata el contacto con el Sentido, sino también las luchas internas que enfrenté al encontrar mis contradicciones y resentimientos.

Estas preguntas despertaron una mirada interna. Pero esa mirada no me mostraba lo que quería ver, a esa buena persona preocupada y atenta a los demás, estudiosa de los problemas mundiales y de la psiquis personal y de los conjuntos. Sino a un tipo lleno de enojos, degradaciones, la mayor parte del tiempo con su cabeza ocupada en banalidades. Mientras más ponía atención más me aparecían cosas que me disgustaban de mi mismo. A veces, hundido en medio de un torbellino de sinsentido, irrumpía una experiencia totalizadora y un amor muy grande me comunicaba con algo inmenso que no cabía en ninguna palabra. Esto me animaba, tenía que aprender a sostener la mirada interna, a pesar de no gustarme lo que ella veía.

Esa mirada al principio era muy implacable, tal vez decepcionada por el encuentro con este yo un tanto inesperado, ¿pero era eso lo que verdaderamente soy? Cuando la meditación me conducía a un nudo de mi vida que no podía desatar, la pregunta por mi ser y su sentido quedaba atrapada en esa contradicción. Intuí que detrás de esos conflictos estaba la experiencia de sentido y cada vez que resolvía alguno, se insinuaba la paz que buscaba. Esta intuición de un sentido, del sol detrás de la nube negra, me dio una nueva energía para el esfuerzo de reconciliación. No se trataba del perdón como una costumbre cultural o como una conducta moral exigida por la convivencia social, sino del único modo de volver a tomar contacto con algo que me llenaba completamente de paz, pero también de fuerza y de alegría. Esa mirada que enjuicia y me juzga se fue suavizando con la aceptación, la reconciliación y la risa. Sigo en ello, despertando la mirada interna, distendiendo los ruidos de la conciencia y atendiendo para que esa mirada se reconozca a sí misma.

La irrupción de la experiencia de sentido me hizo revisar el punto de vista sobre el resentimientoy la culpa. Años después logré comprenderlo mejor al estudiar la venganza en una charla de Silo dada en el centro de trabajo de Grotte en Italia.

La óptica sobre mi resentimiento y la culpa varió después de haber vivido una experiencia trascendente, esas en que por un instante todo me parece obvio, lo sé todo, algo tan grande que ahora describo sólo pálido recuerdo. Eso irrumpió mientras me preguntaba quién soy y la respuesta fue: Soy, y ese “soy” me llenaba de certeza y de comunión. Y me dije: no es posible salir del resentimiento desde el sinsentido y si lo fuera, sería un camino muy penoso y muy largo; además nunca queda claro para qué superar ese sufrimiento, si en el fondo lo siento muy verdadero; tampoco estoy seguro si al disolver mis culpas llegaré a un paisaje mejor. Pero si me paro en la experiencia de sentido, en el saber de que la muerte es una farsa, una ilusión de la conciencia para este momento evolutivo, lo que debo hacer para superar el resentimiento es bastante más fácil.

El problema es que esa experiencia no la tenemos o a veces sólo tenemos un chispazo de ella. Entonces probemos con un truco. Hagamos la suposición de que la vida si tiene sentido. Afirmemos el sentido de la vida, parémonos en ese punto de vista y saquemos las conclusiones existenciales de esa hipótesis. Sartre hizo algo parecido pero al revés, supongamos dijo que dios no existe y obtengamos las conclusiones existenciales desde esa afirmación. Se me ocurrió este truco para comunicar lo que me estaba pasando mientras ejercitaba las prácticas y meditaba en los pasos del Mensaje de Silo.

Descubrí algo muy simple. Ninguno de mis problemas, las rupturas amorosas, las traiciones, los fracasos, nada de eso fue el responsable de mi pérdida de sentido. Mi vida no tenía sentido mucho antes del infortunio que me resintió. No tenía sentido antes del conflicto y por supuesto tampoco lo tuve después. Sin embargo sentía que las personas involucradas en ese momento tuvieron la culpa de que perdiera mi felicidad y robaron algo muy importante de mi vida. Esa interpretación de mi sufrimiento era un mentira, o al menos un error. Nadie me había despojado de nada esencial. Antes del accidente no era feliz, no tenía sentido por tanto no podía recriminar por ello a mi contraparte. Podía acusarlos de muchas cosas pero no de hurtar el sentido de mi vida. El libro trata de un modo a veces poético de acercarnos a esta comprensión.

Avanzando con esto, uno de los factores que suelen arrebatar la felicidad es la muerte de personas queridas. Todos alguna vez enfrentamos a esta señora. La muerte de alguien cercano es una pérdida del amor, pero sobretodo es el choque de frente con algo insólito e incomprensible que es el morir. Este es el nudo existencial y la raíz de toda contradicción. Es posible acercarse al núcleo de esta cuestión poco a poco, resolviendo cada una de las delgadas capas que lo ocultan. El libro va rodeando el tema, como danzando con ella me acerco y en algún paso del baile, la muerte se desvanece y me encuentro en el centro de mi mismo. Mi intención es engañar al lector, hacerle creer que está parado en una hipótesis y por estar distraído de pronto irrumpa en él la experiencia del sentido. Quedando así demostrada la suposición inicial con esa evidencia irrefutable. Por supuesto no lo logro, pero me hubiera gustado mucho poder hacerlo.

En el camino interno las cosas no ocurren como uno supone. Esperaba poder formular el sentido en una frase reveladora para orientar la vida. Pues no fue así, cada vez que rozo una experiencia de éstas, las palabras utilizadas para expresarla se inflan como un globo y adquieren la soberbia de creer decir efectivamente lo que me sucedió. Me parece estar hablando verdades absolutas. Con el tiempo las frases pierden esa carga y se alejan de la vivencia que las originó. A veces me aferro a ellas porque temo perder la esencia que las atrajo y mientras más me aferro, mas se aleja la experiencia y su recuerdo.

Este escrito en alguna medida es una anunciación. Remece al lector y le dice ¡amigo, tenemos un problema, resulta que la vida sí tiene sentido!, y eso trae consecuencias porque entonces no da lo  mismo que hago o dejo de hacer. Si hay sentido y muero sin conocerlo sería un desperdicio.

Para acercarnos al mundo interno donde habita la experiencia de Sentido necesitamos de la mirada interna. Esa mirada está siempre en la conciencia, pero está dormida o confundida con el yo.   Cuando esa mirada comienza a despertar se encuentra con un mundo interno lleno de contradicciones y temores y como no soporta ese sufrimiento, se aparta de él, huye de esa interioridad, se externaliza y se refugia en el yo de todos los días. Para comprender la experiencia trascendente la mirada se internaliza y se separa del yo habitual. Esto es posible principalmente por la acumulación de unidad interna. La mirada huye del dolor que produce la contradicción y para ello se externaliza, se ubica en los límites táctiles del espacio de representación y se identifica con el yo. Al externalizarse no es capaz de reconocer los significados que provienen de la profundidad y los busca afuera. La amistad, el amor, la unión ya no son significados para construir en el mundo humano, sino que los busco en el mundo natural perdiendo a la conciencia en el sinsentido.

Precisamente porque hay sentido la mirada despierta para reconocerlo. Paso a paso se despeja el día, la mirada se adentra en el alma y cuando encuentra algo que une y cohesiona, allí reposa. Esta unidad que encuentra la mirada interna impulsa la acción hacia el crecimiento de esa unidad tantas veces perdida, tantas veces buscada. La mirada roza quién soy y me coloca en un estado de conciencia de sí, o de conciencia del ser en mí. Y en ese estado siento un centro, un algo unitivo que adquiere sustancialidad. Ese contacto produce un cambio en mis creencias acerca de la muerte. A medida que crece la unidad interna aumenta la sospecha de que ese centro no es afectado por el nacimiento ni por la muerte. A esta altura y con estas intuiciones todo se da vueltas. Lo que parecía superficial se convierte en fundamental y lo que creía importante pierde su relevancia. Reconciliarme deja de ser aspiración para volverse una necesidad. La unidad interna toma consistencia y su crecimiento da dirección a mi vida.

Esta necesidad de unidad no es sólo personal, sino de todo ser humano y nos necesitamos para encontrarla. Este reconocimiento puede impulsar una acción conjunta para lograr la ampliación de la conciencia y la liberación de la violencia y el sufrimiento . Espero les guste y a alguien le sirva para avanzar un paso en el camino hacia sí mismo.

Dario Ergas
9/11/2012

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