La Accion Transforma al Mundo, a la Sociedad y a la Propia Conciencia (Descripción Existencial)

May 21

¿Qué da sentido a la acción?.

La postura moral “trata a los demás como quieres ser tratado”, propone una dirección, pero ¿porqué es tan difícil y tan poco frecuente llevarla a cabo y porqué sería un fundamento para el sentido humano?

Hay una gran diferencia entre lo que pasa en mi interior, a cuando eso que me pasa concluye en una acción hacia el mundo. Los  pensamientos y emociones ocurren en todo momento, los mas inverosímiles, a veces son tan osados, chiflados, incluso terribles, que los niego o los olvido. Muchos sueños prefiero no recordarlos para no poner en jaque mis creencias de lo que soy.  Hay una gran diferencia entre lo que sucede en mi interioridad, a eso de mí que finalmente  actúo. La conciencia mueve al cuerpo originando la acción y ésta modifica el mundo. Golpeo la mesa, y esta simple acción ha modificado muchas cosas. ¿Qué le pasa, se enojó? Y solo hice un ruidito con mi mano. Dentro de mi cabeza pasan muchas cosas,   pero “lo real” es lo que concluye en el mundo.  ¿Cuál es la relación entre lo que me pasa por dentro y lo que finalmente hago? ¿Cómo la maraña de emociones, sensaciones, imágenes y pensamientos se convierte  en acción  y cómo  esa acción puede tener sentido?

Para dar cuenta de ello he preparado este trabajo que desarrolla la hipótesis siguiente: La acción se origina en los significados que están en la profundidad de la conciencia, en la base de la intencionalidad. Todo acto de conciencia es completado en representaciones, las cuales traducen y sintetizan todo lo que ocurre en cada instante de la conciencia.  Además de las necesidades de la estructura psicofísica, en toda imagen está traducido un impulso que proviene de la profundidad y otro que corresponde al fin del futuro, a la muerte y término de la intencionalidad.  Las representaciones se estructuran en ensueños cuyas imágenes desplazan  la carga psíquica al límite táctil externo del espacio de representación, movilizando el cuerpo hacia la acción. La acción traslada los contenidos del mundo interno hacia el mundo externo, pero simultáneamente obtiene las sensaciones que esa acción produce, produciendo una inmediata reflexión de la conciencia. Esta reflexión basada en las sensaciones de placer y dolor y de unidad y contradicción, orienta la conciencia hacia evitar el dolor y hacia el crecimiento de su unidad. La acumulación de la unidad interna va formando un centro interno y permite la internalización de la mirada, comunicando la conciencia con el sentido que la impulsa. La percepción interna de ese centro de unidad modifica el sistema de creencias sobre la muerte, al intuir cada vez con mas fuerza la posibilidad de continuidad.  Expondré  ahora  una descripción existencial de como la acción transforma al mundo y a uno mismo, para ayudar a su comprensión.

Un contenido particular de conciencia son los ensueños. En cualquier ensueño está sintetizado y traducido todas las necesidades y aspiraciones de la conciencia para un momento dado. Por ejemplo: “quisiera escribir un cuento que lo lean muchos y lo encuentren precioso, un cuento que sea capaz de transformar la vida de los lectores y que me aplaudan en estadios llenos; y mujeres preciosas me invitan a salir con ellas y las personas mas extraordinarias pidan mi opinión y así yo, puedo ayudar a la  paz y convivencia mundial”. Este ensueño encierra todas las necesidades y aspiraciones de mi conciencia. Mis necesidades de afecto, mis impulsos sexuales, mis aspiraciones mas nobles de armonía y comunicación, etc. En ese ensueño están traducidos significados importantes que provienen de la profundidad de mi conciencia. Allí está reflejado un impulso de unidad y de amor humanos. Pero también el deseo de conquista  y afirmación.  Esa ansia de poder, está trayendo al presente algo que me viene del  futuro y es que moriré y  no podré lograr ese amor, ese afecto y ese reconocimiento que deseo. En cualquiera de mis caprichos está  traducido un sentido de lo profundo de la mente, del fondo de mi mismo, y también está envuelto en ese ensueño, un temor terrible, de que en todo momento estoy  a punto de morir y nada será posible. En esas pocas imágenes  están también contenidos mis instintos  de conservación, de reproducción, todas mis necesidades corporales que necesito satisfacer en el mundo.

Para facilitar mi explicación tomaré sólo los elementos centrales de ese ensueño:  la traducción que hay allí de un significado proveniente de la profundidad, y la traducción del  futuro interrumpido por la  muerte.  Todo acto de conciencia y toda representación está afectado por estos dos impulsos, la muerte y un significado trascendente que empuja la intencionalidad. Los ensueños y posteriormente la acción,  traducirán ambas direcciones, evitar la muerte por una parte y por la otra trasladar al mundo humano un impulso que llega desde la profundidad sin tiempo de la conciencia. Una buscará la afirmación, la posesión y el dominio, y la otra la construcción, la unión, el encuentro.

Al efectuar cualquier acción experimento el placer o el dolor que me provoca. Al mismo tiempo que traslado fuera de mí los contenidos de conciencia, registro las sensaciones que mi acción me produce. Simultáneamente al hacer, la conciencia vuelve sobre si al experimentar la acción efectuada como tensión o distensión, como placer o dolor. La acción entonces es también la reflexión de la conciencia, y es lo que ha permitido a la simple experiencia del placer y dolor volverse mas compleja en las acumulaciones temporales de unidad y contradicción.

Siguiendo el ejemplo del inicio, impulsado por ese ensueño,  converso con un amigo y en ocasiones experimento que el vacío de mi soledad se llena con una energía vivificante, sé que ambos nos sentimos muy bien y cuando recuerdo posteriormente esa escena, me vuelve ese sentimiento de comunicación. Repetiré ese tipo de conversaciones o de acciones  que me van llenando el alma por así decir, o como decimos mas técnicamente, que  me producen unidad interna. Estas acciones que me dan unidad las tenderé a repetir y se pueden ir configurando, no en una acción aislada, sino en una dirección y un estilo de vida. Esta dirección de mis acciones la experimentaré como acumulación de unidad interna y esto  va constituyendo un sentido de la vida.

Pero…

En ocasiones en esas conversaciones con mis amigos, se me ocurre que mi interlocutor me puede apoyar en algunas cosas, pasándome un poco de dinero o presentarme gente  para  acelerar mis proyectos y  poco a poco, ya no me interesa tanto la comunicación que rompe la soledad, sino que el otro se vuelve un intermediario para mis importantes intereses. Voy a sentir al principio un pequeño rasguño interno, como si me hubiera picado un mosquito en algún lugar de la mente. Cuando pica un mosquito, lo apartamos rápidamente para que no vuelva a molestar, pero son tan insistentes que  mantienen nuestras manos ocupadas en evitar las picazones. Este dolor del mosquito es el comienzo de la contradicción, y trato de evitar la molestia ocupándome  de otras cosas,  para no mirar lo que en mi interior se está rasgando cada vez mas.  El caso mas notable es la muerte. Estamos contantemente evadiendo mirarla para que no nos duela. Pero también alejamos la mirada de esos dolores que produce la contradicción, para no sentirlos mientras  ella aumenta.

Gracias a la unidad y a la contradicción la conciencia reflexiona.

Para no sentir el dolor de la contradicción la mirada se aparta de ese dolor interno, se externaliza, se identifica con el yo y con las representaciones, soy los objetos y busco obtenerlos y siento que  toda necesidad de la conciencia espiritual, afectiva o material, debe ser satisfecha desde afuera, desde la exterioridad de la conciencia. La interioridad se aplana, pierde profundidad   y la mirada no encuentra sus significados allí donde están. No  es capaz de encontrar en su interior lo que la provee de alivio, unidad, amor o sentido y los busca afuera, alienándose y perdiéndose completamente.

Volviendo al ejemplo del inicio, al seguir mi ensueño puedo  reparar en aquella acción que produce unidad. Esa que llenó mi soledad y la de mi amigo.  Esa unidad transforma mi ensueño para impulsarme a repetir las acciones que prolongan esa sensación.  Mientras mas aumenta la  unidad, mas se modifican mis ensueños orientándome cada vez con mayor precisión a ese tipo de acción.  Mi vida se modifica para  aumentar la potencia de las acciones que producen unidad en mi interior. Esto va acompañado de otro fenómeno que es la interiorización de una mirada despegada del yo, una mirada interna que  se ubica a cierta distancia de las representaciones y de las ilusiones.  La mirada interna nos descubre una interioridad, nos acerca al mundo de lo profundo, donde se guardan los significados fuera del tiempo y espacio, pero que impulsan  la conciencia humana y le da sentido.   Esta sensación de unidad al aumentar,  va adquiriendo  una cierta “sustancialidad” o mas bien la sensación de sustancialidad, como si formara una suerte de centro interno. Allí se posa la mirada.  Un centro que no puedo reconocer como mi yo, ya que lo experimento a cierta distancia de él, sin embargo lo reconozco como  lo que soy. Esta experiencia produce un cambio importante, no solo en los ensueños, sino en el sistema mas profundo de las propias creencias. La traducción del fin de la intencionalidad, la copresencia de la dolorosa muerte que nos obliga a externalizar la mirada, pierde carga, pierde valor de realidad. La conciencia está despertando de su mayor ilusión, y siente en ella “algo” que tiene capacidad de continuidad.

¿Cuál es esa acción que cambia mi vida y forma un centro interno que da la esperanza de inmortalidad?  Se trata de la acción que traslada al mundo externo, fuera de la conciencia, los significados que se encuentran en su profundidad o si se prefiere, en la base de la intencionalidad.  Pero lo que está fuera de la conciencia, es sólo lo que ésta no puede representar y queda fuera de su espacio de representación. Eso es lo que denominamos “lo profundo”. Esa profundidad  está en mí y también en ti, y  en el otro ser humano frente a mí. La acción encuentra su sentido cuando traslada un significado desde una profundidad irrepresentable, hacia el otro cuya profundidad tampoco puedo representar y en  donde vive también aquella unidad.

Comprobamos así, que tratar a los demás como quieres que te tratan, no sólo es una postura moral sino la llave del despertar y  de la trascendencia.

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